Para que la luz martiana no se extinga

por AIN
2010-07-21

 Por Ana María Dominguez Cruz

Cada país atesora riquezas innombrables. De esas que subyacen tras el legado de hombres que dedicaron su vida a una nación, a su futuro, a su trascendencia. Nunca los tributos serán suficientes ante tanta magnanimidad. De hecho, en esta tierra se entrecruzan muchos nombres, por eso ser consecuente con ellos y con su herencia forma parte del andar cotidiano de cada cubano.
Y para José Martí, nuestro Héroe Nacional, cada minuto entraña el agradecimiento por su fecunda entrega literaria, política, periodística y humana. Motivos más que suficientes para que su imagen y su obra renazcan en cada lugar y para que estudiosos e investigadores de esta Isla y de otras latitudes se reúnan en una institución que les permita, además, difundir sus resultados.
Es por ello que, desde el 19 de julio de 1977, el Centro de Estudios Martianos (CEM), con su sede en la Biblioteca Nacional, surgió con el objetivo de auspiciar la investigación y el estudio de la vida, la obra y el pensamiento del Apóstol. Ha sido el lugar insigne donde se reúnen sus manuscritos y ediciones originales, fotografías, documentos y objetos personales, dotados de un valor indiscutible para nuestra cultura. Ha sido el principal promotor de la labor científica en torno a esta figura en las diferentes generaciones, utilizando las más diversas iniciativas, desde edades tempranas.
Hoy, a la luz de sus treinta y tres años de fundada, esta institución, de carácter científico-cultural, en su actual sede de Calzada y 4 en el Vedado capitalino mantiene sus tres líneas fundamentales de trabajo referidas a la Edición crítica de las Obras Completas, enriquecida con textos localizados en los últimos años; a la investigación de sus aspectos más biográficos y a la profundización de la visión martiana sobre el anexionismo y el liberalismo. Razón de ser que guía los pasos de su colectivo de trabajo y de todo aquel que se incorpore con la sana intención de llevar adelante genuinamente la riqueza del Apóstol.
Nada mejor para amparar la labor del Centro de Estudios Martianos que las paredes que en otra época acogieron a su hijo, José Francisco Martí Zayas Bazán, conocido por todos como el Ismaelillo, desde que se casara con María Teresa Bances.
Allí, entre espejos y verde espiritualidad, una biblioteca especializada, con un fondo que supera los 7 mil títulos; promoción de publicaciones; actividades de extensión cultural; cursos de postgrado; asesorías para el mejor funcionamiento de las Cátedras Martianas en las Universidades; eventos científicos y el desarrollo de programas de intercambio a nivel internacional garantizan que la luz martiana, con la misma intensidad, perdure.