Hago más canciones cuando no puedo estar más si nuevas
/ 2012-06-04

Este viernes 1 de junio a las siete de la noche, Santiago Feliú regresa a la Casa con canciones que han coreado varias generaciones y otras nuevas, frutos del impulso por crear una y otra vez. Superando la alegría de vivir es el título que Santi le ha encontrado a su concierto para celebrar sus cincuenta años. Más bien lo sentimos como una pregunta que nos despierta curiosidad y nos compulsa a no perdernos lo que acontecerá mañana. Aquí dejamos un testimonio brevísimo de lo que podría ser. Pero sin su música y su presencia en el escenario, esta entrevista está incompleta.

Primero, el concierto Superando la alegría de vivir: ¿qué puede pasar ese día? ¿Cómo has pensado el recorrido por tu discografía?

―He tratado de recortar, pero me temo que para un concierto resumen de mi vida, tendré que cantar más de treinta canciones y como, además, toco poco por aquí…. será un recorrido por mis discos, mis etapas, tocaré varias al piano y el resto con la guitarra y con Roberto Luis, un joven guitarrista espectacular.

Para muchos cubanos, durante los 90, tu música fue una tabla de salvación aunque se sabían expuestos al riesgo, al trance que significaban tus canciones. ¿Crees que son canciones para una generación, o sientes, cuando tienes enfrente a públicos más jóvenes, que de alguna manera las incorporan a lo que hoy somos? ¿Qué ha permanecido durante estos años?

―Mis canciones son para mayores de 40 y para jóvenes muy intuitivos, cierto es que más de la mitad de mi público vive fuera de Cuba, pero sé que me siguen también muchos jovencitos. La verdad es que yo siempre hice canciones para mí y luego muchos se sintieron identificados en ellas, eso es lo que ha permanecido.

Una década atrás, Pablo Milanés te definió como miembro de “la otra generación”. Hoy celebras 50 años de vida cuando la Nueva Trova canta sus 40: ¿cómo te hace sentir verte ahora mayor que ella? ¿Qué piensas de los que en el siglo XXI son “la otra generación” de jóvenes? ¿Cómo los ves tú a ellos, sientes alguna conexión, continuidad, ruptura?

―Soy un trovador que trajo lo suyo, los críticos especializados responderían mejor esta pregunta, pero yo me siento continuidad del arte de hacer canciones. Impuse mi poética y mis músicas, vengo de las trovas cubanas con cierto rock y otras influencias, intento a toda costa una canción de arte, el mayor equilibrio entre música y poesía.

En una entrevista que Juventud Rebelde publicó justo en el año 2000, dijiste que te parecía que habías sido joven demasiado tiempo. ¿Has sentido náuseas con tu medio siglo? ¿Has notado que llegaste a un borde y comienza otro? ¿Cómo lo vives?

―En el concierto se notarán los cambios poéticos y musicales, porque lo haré cronológicamente. Notarán que siempre llego al borde para lanzarme a lo otro nuevo que pueda sacar de mí. Hago canciones cuando no puedo más estar sin nuevas.

Hace unos meses Gerardo Alfonso y Carlitos Varela cantaron juntos en la sala Che Guevara en una especie de homenaje al cuarteto que fue el núcleo de la generación de los ochenta: ellos, Frank Delgado y tú. El pretexto fue la aparición del libro Trovadores de la herejía (Editora Abril), de Fidel Díaz Castro y Bladimir Zamora sobre ustedes. El mensaje que enviaste desde España, las alusiones a ti y tus temas en las voces de ellos, permitieron que subieras a ese escenario a pesar de encontrarte a miles de kilómetros. ¿Cómo ves aquellos años desde tus cincuenta? ¿Qué temas tuyos habrías compartido esa noche y qué canciones de ellos las sientes tuyas?

―No sé si recuerdan que en año 1978 aparecimos Donato Poveda y yo, presentados por Silvio, en el programa “Te doy una canción”. Teníamos un dúo ingenioso que duró hasta 1982 creo. Cerca de 1984 conozco a Frank, Gerardo y Carlitos, y ahí nos enganchamos. Fueron los años luminosos de la Nueva Trova y cantábamos por todos lados, fue como una escuela de aprendizaje de nosotros mismos, la pasamos bomba: guitarras, canciones, muchachas, una sabia ingenuidad que fuimos madurando.

Buenos Aires, Montevideo, Santiago de Chile... fueron ciudades que conociste en medio de complejos procesos de desarticulación de dictaduras militares, y nunca te has alejado de ellas. ¿Qué ha sido para ti el Sur del continente? ¿Cómo lo definirías? ¿Cómo se han colado esas vivencias en tus canciones, en tu día a día?

―Imagínense que tengo tanto de porteño, le debo tanta vivencia, tanta música, poesía y locuras a Buenos Aires, por mis largas estancias. Viví con mucha intensidad los noventa por allá abajo, y, por supuesto, compuse muchas canciones. Allá son tangueros, neuronales, viscerales, en fin, muy como yo. Argentina es mi segunda casa.

Has venido a compartir tus 50 años en la Sala Che Guevara de la Casa de las Américas. ¿Cuánto de lo que representa este lugar tiene que ver contigo ahora mismo y con aquellas cosas en las que crees, con tu música, que es, imaginamos, aquello en lo que más crees?

―Lo quise celebrar en Casa porque aquí nos presentaron Silvio, Pablo y Noel, a Donato y a mí, en el año 1979, en el XX aniversario de la Casa, y bueno, porque es como un templo para la canción inteligente, conserva esa magia. Es como un doble homenaje, a mí mismo y a la propia Casa.

 (Por Maríanela González y Maité Hernández-Lorenzo)