Evelio Traba: "he vivido cuando debía leer y he leído cuando debía vivir"
Mariangel Villasana
/ 2012-02-28

Cuando recibió la noticia de que había ganado el accésit del Premio ALBA Narrativa 2012, Evelio estaba en su lugar de trabajo, la Casa Natal de Carlos Manuel de Céspedes, el cual indicó el joven escritor, es el museo más prestigioso de Cuba. Luego de recibir la llamada que le anunció los resultados, él mismo relata que quedó “electrizado y elentecido”.
 (…) ”Pude darme cuenta que no era otra conspiración de la irrealidad, sino que estaba siendo partícipe de un raro alumbramiento que estaba ocurriendo dentro de mí. (Borges diría que  a la Realidad le gustan esos anacronismos)”, expresó Evelio.

 Evelio Traba, con su envolvente lenguaje poético, dejó conocer algunas muestras de su pensamiento en una entrevista por correo electrónico para el Fondo Cultural del ALBA.

-¿Cómo describes tu estilo literario?

-Es una pregunta de suma dificultad aunque no lo parezca. Pero aludiendo a ese gran pensador argentino que fue José Ingenieros, te digo que hay estilo en toda forma que expresa con lealtad un pensamiento. Y eso tiene mucho que ver con la individualidad, con la medida en que un autor es capaz de apropiarse de sus vivencias y las de otros. En eso mis amigos tienen razón: es necesario ponerse la escafandra y bajar a las grutas cifradas de la realidad aunque las mismas estén escondidas a flor de piel, como esa delicada membrana que separa lo ordinario de lo ilusorio, límites cambiantes que nadie puede precisar.
 En realidad prefiero quedarme con los clásicos: con Borges, Cortázar, Sábato, Rulfo, García Márquez, Carlos Fuentes, Monterroso, Fernando del Paso, Carpentier y otros que harían la lista interminable. Por lo general los narradores jóvenes pretendemos a veces con la arrogancia del que inicia, arremeter contra el legado de nuestros padres, pero creo que es muy difícil dar algo de sí sin antes haber incorporado a nuestro lente las savias  de la tradición. Si en mi caso pudiésemos hablar de un estilo, yo pediría que se prestase atención a lo que estos nombres han dejado en mí en  lo que bien podría llamar una especie germinación personal. Debo recalcar que mi proyección descansa sobre el concepto de la Poesía como la forma más elaborada y extraña del conocimiento, como la menos traidora de todas las intuiciones. Lo que pudiese llamar  estilo es a veces el telescopio que parapeto en mi pupila para ver el ritual con que una hormiga traslada una migaja de pan, es anotar en una libreta de bolsillo la frase obscena que dos escolares se dijeron mientras se arrebataban una calcomanía o un silbato a la salida de clases, es la percepción de la simultaneidad monstruosa con que ocurren los hechos alrededor nuestro, es reconocer la escritura como réplica y sustrato  de la vida misma.


- Aunque eres bastante joven, has tenido experiencia en poesía, radio, narrativa... ¿Qué te impulsó a incursionar en estas áreas?
 
-Sin dudas, estas incursiones que pueden parecer numerosas, son en realidad pobres para mi ambición de desdoblarme y vivir otras vidas, pero es innegable que me han servido de entrenamiento si  es que no suena demasiado militarista la palabra. Vivo cuestionando constantemente la manera en que me sumerjo en el tiempo como sustancia metafísica. Hace poco comentaba a una amiga que tal vez he vivido cuando debía leer y he leído cuando debía vivir, parece un juego hecho para complacer el sonido de las palabras al combinarlas, pero en mi caso es cierto ese malabarismo. En algún momento me salvaron ciertos consejos de Rilke. “No se impaciente por cosas que aún no están resueltas en su corazón, aprenda a amar las preguntas por sí mismas como habitaciones cerradas o libros escritos en lenguas muy extrañas”. Soy un ambicioso del vivir y creo que es afortunado quien pueda convertir su angustia en belleza, quien pueda decir a dúo con Rimbaud: “Yo es otro”. Creo en el diálogo humano, creo en esa colisión de silencios que hace nacer mundos de las palabras, palabras que pueden despertar orbes somnolientos.

-¿Qué emociones tocará en los lectores tu novela La Concordia?

- Eso es algo difícil de concebir, pero la novela creo está llena de secretas explosiones de luz en sitios de penumbra, la esperanza se torna una especie de insinuación persistente agazapada en el más allá de ciertos callejones sin salida. Sí puedo comentarte que en Bayamo, la ciudad donde nací, una de las primeras villas fundadas en América, un buen número de personas espera la salida de la novela, pues la misma abarca períodos contradictorios de la historia local y nacional, por tanto, la recepción en otras partes será cuestión de  pura sorpresa.

-¿Cuáles son tus expectativas próximas en el mundo literario?

- Yo prefiero, como siempre he preferido, abandonar toda pose, todo ademán de exhibición, despreocupado de por dónde va la literatura que se escribe dentro o fuera de mi país aunque no he estado ni  estaré de espaldas a los nuevos valores que hoy son innegables. El escritor es su propia pregunta, su propio oráculo,  y por tanto debe ser leal en las respuestas que interpreta para sí mismo y los demás. No permitiré que el premio me haga dormir la siesta de la conformidad, es necesario seguir descubriendo la disciplina de la pasión, ensayar nuevas versiones de interpretar el mundo. Espero terminar en algún momento una novela de mayor rigor que la anterior ( ya con 100 cuartillas de una primera versión), donde me propongo salvar a través de la ficción, la memoria de un cubano ilustre del siglo XIX que tristemente  ha sido  fosilizada por los sedimentos del mito. Creo que aún tengo que desenterrar algunos baúles sepultados de  esa centuria sobre la que sólo tenemos en Cuba aproximaciones más o menos felices. Los archivos tienen un perfume que siempre termina seduciéndome. La escritura necesita, para vaciar sus contenidos recónditos, volar, esparcirse, pero también saber cuándo y con qué rigor asumir una vida de enclaustramiento e introspección creadora.  En este punto resuenan palabras que Hermann Hesse, puso en boca de Siddharta y  que  me han sido útiles desde mi  adolescencia: “Sé ayunar, meditar y esperar”.
 El inicio del camino se pierde y camufla en mi propio nacimiento.