La película Cenizas Eternas plasma parte de la cultura yanomami
Venezolana de TV / 2011-12-08

La cinta es la opera prima de la realizadora venezolana radicada en Francia, Margarita Cadenas.  Es una película sobre la humanidad y la aceptación, que se desarrolla en medio de una comunidad yanomami”, comentó la directora

Un accidente ocurre en el medio del Amazonas, deja como resultado a una sola sobreviviente. Ana, interpretada por Patricia Velásquez, queda sola y desnuda atrapada en la inmensidad de la selva, mientras en la ciudad sus amigos y familiares la dan por muerta. No obstante, Elena, su hija, encarnada por Danay García, se aferra a la esperanza de reencontrarse de nuevo con su madre. Esta es la historia de Cenizas eternas, película que se entrenará mañana 9 de diciembre en las salas del circuito Cines Unidos.
La cinta es la ópera prima de la realizadora venezolana radicada en Francia, Margarita Cadenas. “Es una historia de amor entre una madre y una hija que fueron separadas por el destino a través de un accidente. Es una película sobre la humanidad y la aceptación, que se desarrolla en medio de una comunidad yanomami”, comentó la directora, en entrevista con el Correo del Orinoco.

Durante los seis meses que duró la preproducción las actrices y los actores, desperdigados en diferentes partes del mundo, debieron recibir un curso de fonética vía skype, a cargo de la lingüista francesa Marie Claude Mattei, autora del Diccionario ilustrado de Lengua y Cultura Yanomami, quien junto con Jacquezs Lizot, creador del abecedario Yanomami, asesoraron a Cadenas.

- “En el corazón de la selva, nace la esperanza”, dice el slogan.

- Así es, porque a Ana (Patricia Velásquez) y Elena (Danay García), lo único que las mantiene es la esperanza de poderse encontrar, a pesar del tiempo que pasa entre ellas se quieren encontrar. A Ana la dan por muerta, pero Elena no la enterró y no cree que esté realmente muerta. Entonces renace la esperanza.

-Usted ha insistido en que no tiene nada que ver, pero eso sin duda se parece mucho al caso de Raiza Ruiz.

- Claro el hecho de que la mujer que tiene un accidente, es dada por muerta y luego resulta que esta viva, es igual, pero el personaje tiene motivaciones diferentes y el resto de la historia en general no tiene nada que ver con la doctora Raiza Ruiz.

-La historia la comenzó a escribir hace 10 años, en ese tiempo ¿sufrió muchos cambios?
¿Cuál fue la génesis?

- Sufrió evoluciones y pequeños cambios, pero la base de la historia esta ahí, es la misma. Yo he estado desde hace 15 años estudiando la cultura yanomami, porque siempre me llamó muchísimo la atención por la pureza y sabiduría de este pueblo, me gusta mucho la mitología yanomami. Después la historia se me impuso, los personajes se me impusieron a mi, no fue algo consciente, como sentarme y decir “voy a escribir una historia así”, no. Se fueron incluyendo cosas que iba aprendiendo en el proceso de investigación, también incluí cosas mías y así surgió la historia.

-El rodaje se llevó dos meses y la mayor parte fue en pleno Amazonas ¿cómo fue ese acercamiento a las comunidades de los pueblos originarios?

-Muy interesante. Los yanomami son difíciles de abordar porque ellos viven en el alto Orinoco. Trabajamos también con otros pueblos como los piaroa y jivi, por ejemplo. Fue muy interesante trabajar con ellos e interpretar la cultura de los yanomami. Ellos son actores natos se divierten mucho, están como jugando constantemente, eso fue muy bonito. Claro, sí se tuvo que hacer un trabajo previo para poder penetrar en esas comunidades, pedir permiso, hablar con los chamanes. Fue como un cortejo que tuvimos que hacer durante meses para poder trabajar con ellos y entrar en confianza.